12 noviembre, 2013

Jack Andraka, un estudiante estadounidense de secundaria, con 15 años logró un descubrimiento que podría afectar a la millonaria industria del cáncer. Este joven inventó un sensor de papel capaz de detectar en cinco minutos tres tipos de cáncer: Páncreas, ovario y pulmón.

Jack Andraka, nacido en Crownsville, Maryland inventó este sensor de papel de un coste de 3 centavos de dólar, es 26 mil veces menos caro, 168 veces más rápido, 400 veces más sensible que los métodos actuales para detectar el cáncer y además no es invasivo.

Éste dijo al presentarse en el Festival de las Mentes Brillantes: “Pero lo mejor de todo es que se puede detectar el cáncer en las etapas más tempranas, cuando alguien tiene casi 100% de probabilidades de sobrevivir, y hasta el momento es más de 90% exacto para detectar el cáncer”.

Andraka consideró que una vez que este sensor, de patente en trámite, entre al mercado, los índices de supervivencia del cáncer de páncreas, que actualmente son de 5,5 %, podrían pasar a casi el 100 %. Pero, reconoció que su invento aún podría tardar entre 5 o 10 años en lograr los permisos para comercializarse en Estados Unidos, debido a las restricciones legales que existen en ese país para este tipo de tecnologías.

Con información que obtuvo de Google y Wikipedia, Andraka estudió las 8 mil proteínas que se encuentran en el torrente sanguíneo, hasta entender que una de ellas, la mesotelina, se dispara en etapas tempranas, en la sangre de las personas que enferman de cáncer de páncreas. De 200 solicitudes que envió a laboratorios de universidades, recibió 199 rechazos y sólo la Universidad de Johns Hopkins se interesó en apoyar su proyecto.

Andraka habló sobre los obstáculos a los que se enfrentan los jóvenes que se interesan en la ciencia, debido a que una gran parte de los materiales sobre investigaciones no son accesibles para la mayoría. “El mundo de la ciencia debería ser tan accesible como el mundo de la cultura pop, como una canción que puedes comprar en un centavo”, dijo.

El joven considera que existe una “aristocracia del conocimiento”, ya que millones de habitantes en el mundo no tienen acceso a Internet. Y recordó que la ciencia no debería ser un lujo, sino ser un derecho humano fundamental, “el derecho de acceso a la información debe ser de todos, no sólo de los que pueden pagar”.

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